Decálogo de Enrique Dans la Tecnología y los niños

Los niños están creciendo en un mundo digital, por lo que la tecnología está integrada en sus vidas. Laptops de juguete, teléfonos celulares y teclados, están disponibles para que los niños exploren el mundo y los incorporen a sus juegos.

Enrique Dans enumera en una serie de puntos las ideas que habría que tener en cuenta a la hora de educar a nuestros hijos en relación con el desarrollo tecnológico, artículo muy interesante que reproducimos a continuación:

Niños y tecnología: un pequeño decálogo  (pinchar aquí para ir al artículo original)

¿Hasta qué punto debe evolucionar la educación de los niños a medida que evoluciona el entorno que la rodea? ¿No es una pregunta completamente obvia? Simplemente extrayendo elementos de la página de Wikipedia correspondiente, podemos ver cómo la genuina educación es un aprendizaje abierto que va más allá de esquemas preconcebidos y que tiende a favorecer el desarrollo de la conciencia, la razón e inteligencia, y con éstas cualidades el mejor desempeño de cada persona educada para llevar a cabo en lo posible su óptima forma de vivir (la cual, se sobreentiende, es una vida culta en sociedad). ¿Para qué educamos a nuestros hijos? Sencillamente, para que sean capaces de desarrollar una vida óptima en un contexto determinado. ¿Debe, por tanto, evolucionar la forma de educar a medida que cambia el contexto? Si alguien no lo piensa así, si alguien cree que es mejor mantener a sus hijos en una burbuja aislada de ese contexto social, es que tiene un problema. Problema que, además, está dispuesto a transmitir a sus hijos.

  1. La incorporación de las tecnologías a la vida cotidiana es imparable, responde a una aceleración constante del propio progreso y desarrollo tecnológico, y no responde a ningún tipo de moda o de fenómeno pasajero. Tan irresponsable es criar a tus hijos en una “burbuja sin tecnología” como pretender renunciar a su escolarización.
  2. No existe una supuesta “edad adecuada” para acceder a la tecnología. El acceso a la tecnología debe ser algo natural. ¿Cuándo debe tener acceso el niño a unsmartphone? En cuanto sea capaz de no llevárselo a la boca. Toda familiarización del niño con las interfaces de los elementos tecnológicos presentes en su entorno es positiva.
  3. La idea de que los niños están más preparados para el uso de la tecnología por haber nacido en un año determinado o pertenecer a una generación determinada es completamente absurda. Los nativos digitales no existen. La idea de que los niños son de alguna manera nativos digitales y de que los padres, por saber supuestamente menos, deben inhibirse en su educación, es completamente irresponsable, y lleva a la aparición de huérfanos digitales.
  4. Los niños, sin supervisión en el uso de la tecnología, la utilizan simplemente para unos pocos usos, determinados generalmente por la interacción social, pero no profundizan en su entendimiento. La curiosidad, el interés, el razonamiento, la deducción, la conciencia, la razón y, en último término, la inteligencia, deben ser necesariamente estimuladas.  Los padres deben estar ahí en esa labor educativa de estimulación. El ordenador o el smartphone no son un baby-sitter ni un apaga-niños: los padres deben necesariamente interesarse por lo que sus hijos hacen en la red.
  5. Los filtros parentales son una mala idea. Su uso crea una burbuja red. Eso genera dos efectos: por un lado, una inhibición de los padres, que creen “haber cumplido”. Por otro, una falta de preparación en el niño, que se evidencia en el inevitable momento en que tiene la oportunidad de acceder a una pantalla sin ese filtro parental,  que ejercen un potente efecto llamada, y que además, han pasado a tener el atractivo de lo desconocido o incluso de lo prohibido. Ese control no debe ser llevado a cabo mediante un elemento tecnológico, sino mediante una supervisión consciente, atenta y preparada para proporcionar explicaciones. Si de verdad crees que es adecuado explicar y alimentar durante algunos años a tus hijos en la creencia de que vinieron de debajo de una col o que los trajo una cigüeña desde París, de verdad… tienes un problema.
  6. Lo más importante de la tecnología no es su uso, sino el entendimiento de lo que tiene detrás. Usar un ordenador o una app es sencillo y las barreras de entrada al aprendizaje no han hecho más que disminuir a lo largo del tiempo. Entender por qué el ordenador funciona no lo es tanto. La tecnología y las ciencias de la computación son ya una ciencia al mismo nivel que la Física, la Biología o las Matemáticas. No enseñamos Física a un niño para que se convierta en físico, sino para que entienda que vive en un mundo gobernado por las leyes de la Física. Del mismo modo, debemos enseñar Ciencias de la Computación a niños que están necesariamente destinados a vivir rodeados de objetos programables. La tecnología no puede ser una asignatura accesoria, extraescolar o “que no entra en la media”. Tratar de elegir, en la medida de lo posible, colegios en los que el desarrollo de esas habilidades sea considerado importante es una buena métrica de tu responsabilidad. Si el colegio de tus hijos no va por ese camino, es muy posible que tengas a tus hijos en el colegio equivocado.
  7. La incorporación de juegos que potencian el aprendizaje de la tecnología es fundamental para que los niños desarrollen habilidades en ese sentido, del mismo modo que lo son el mecano, los bloques, o los puzzles. Jugar con tus hijos a iluminar LEDs, a hacer un robot o a programarlo es una tarea que potencia los vínculos familiares y contribuye en gran medida al desarrollo de esas habilidades. Pensar que ese tipo de contenidos o esa parte fundamental de su educación se desarrolla únicamente en el colegio es absurdo e irresponsable.
  8. El control es fundamental. Del mismo modo que nunca se permitió a los niños jugar durante todo el día, no se les puede permitir que no se desconecten a ninguna hora, o que renuncien a otros modos de interacción por estar frente al smartphone o la pantalla. La imagen del niño usando su smartphone sentado a la mesa durante la comida o la cena es aberrante.
  9. Todo cambia. La labor de vigilancia y monitorización tecnológica de los padres debe adecuarse a la evolución de los usos y costumbres de la sociedad, de manera que se vaya exponiendo a los niños a aquellos desarrollos que van surgiendo y van siendo adoptados por ella. Todo tiene peligros, desde salir a la calle hasta usar un bolígrafo, pero caer en la paranoia y en la idea de que debemos alejar a nuestros hijos de todo posible peligro es una barbaridad. Si haces caso de todo lo que te dicen que es peligroso en la red, te dedicarás a alejar a tus hijos sistemáticamente de ella… y eso es un grave error. No, la Wikipedia no es una fuente de mentiras, no hay un hacker colgado de cada poste de teléfonos, y la red no nos está volviendo idiotas ni atrofiando nuestros cerebros. No te preocupes. Todo va a ir bien.
  10. Una persona que voluntariamente se excluye del progreso tecnológico está renunciando a transmitir a sus hijos una educación que los prepare para un futuro adecuado en una sociedad cada vez más determinada por el desarrollo tecnológico. La educación de los hijos comienza por nuestra propia educación, el desarrollo de habilidades importante para su futuro desarrollo empieza por nuestro propio desarrollo. No, no puedes decir eso de “mis hijos saben más que yo”. Ponte las pilas. Aprende.

De esta manera, queda patente la necesidad de educar a los niños, siempre de manera responsable, para que puedan hacer frente a un mundo en el que la tecnología es el futuro. Para que el entorno se vaya adaptando al nuevo contexto, debe haber una amplia demanda por parte de familias, docentes, etc. para que los centros hagan reformas en la educación y forma de enseñanza, ya que preparar a nuestros hijos para enfrentarse a la era tecnológica, es casi un deber.